Crisis económica en tiempos de pandemia en Puerto Asís

Por: Wilber Jhondany Jojoa Andrade, Trabajador Social, Universidad de Caldas, estudiante de Maestría en Ciencia Política, Universidad Católica de Colombia.

Ante la crisis  sistemática y generalizada  provocada por la pandemia, los  esfuerzos del gobierno nacional por aplanar la curva de contagios del Covid-19, se suman a  una  larga lista de medidas, que se traducen en el confinamiento postergado, reduciendo drásticamente   la demanda  de bienes y servicios de unos sectores más que otros, dejando  al descubierto la disyuntiva  histórica entre la salud  como un derecho, y la economía como ciencia;  por un lado, el enfoque coyuntural,  permite comprender que   el objetivó de los gobiernos ha sido  mantener  la balanza con un reducido  número de contagiados, y número de muertes, en medio de un  tímido sistema  de salud,  y por otro, impedir la  desacelerada economía,  y promover paulatinamente  la  reapertura de algunas sectores estratégicos,  mediante la aprobación de “estrictos” protocolos de bioseguridad; tanto la primera como segunda exigen un análisis sociológico de la condición humana,  es decir, escudriñar  la condición de un grupo de personas en situación de vulnerabilidad, llámese excluidos y marginados,  que no tienen capacidad de compra para satisfacer sus necesidades, y otro grupo, que el aislamiento, no afecta sus ingresos,  y por el contrario genera posibilidad de ahorro, lo que permite evidenciar con nitidez, un fenómeno de desigualdad social,  cuya naturaleza sin lugar a dudas se remonta desde antes de la pandemia, con una  profundización en la actualidad  vinculada a la poca eficiencia de los mecanismos utilizados por el gobierno nacional para redimir la crisis.

El departamento del Putumayo, fue uno de los epicentros libre de Covid-19,  hasta hace pocas semanas, cuando se presentaron  los primeros casos de contagio, para ser exacto, 10 a la fecha,  luego de dos meses aproximadamente de mantenerse invicto, ante la amenaza inminente  de territorios vecinos cuyos estadísticas aumentaban vertiginosamente, no obstante, es fundamental  revisar el efecto  económico de la pandemia, en uno de los municipios que ha sido considerado el más floreciente en los últimos 30 años por la circulación de flujo de dinero, y la oferta constante de bienes y servicios;  de acuerdo a datos suministrados por  cámara de comercio del Putumayo, existe en el municipio,  un numero de 2554  establecimientos comerciales, a  fecha de 31 de diciembre  de 2019, que promueven la circulación de capital en el municipio, sin embargo es necesario destacar otros sectores que hasta hace  meses atrás movían ingentes cifras de dinero, el primero, la industria del petróleo, que en los últimos años promovió  la apertura de pequeñas empresas, y trasformo medianamente la vocación económica del territorio, sin embargo, la caída del precio del barril de petróleo  en los últimos meses, sumado a los paros sistemáticos de campesinos en corredores estratégicos, y la pandemia,  congelo contratos de trabajadores, y genero la suspensión de proyectos de exploración y explotación de crudo.

Otra fuente de ingreso en Puerto Asís,   que también produce una dinámica de capital, corresponde al sistema de contratación pública,  y  la coyuntura ha centralizado estos recursos de manera exclusiva  en la atención  a la emergencia sanitaria,  circulando el flujo de dinero en un reducido número de contratos; finalmente el  comportamiento del sector de la   oferta de bienes y servicios, que antes de la pandemia producía un viraje en la economía,  y que en la actualidad  se  autorizo la  apertura comercial de  un 90 %, que  venían  sufriendo  un descalabro financiero,  sin obviar  el excedente  de 389 establecimientos que  corresponde a bares, discotecas, billares, canchas sintéticas, que aún no están autorizados,  así mismo el  sector informal que asciende por encima de 1500 en el departamento y 450 en el municipio, de acuerdo a datos de la secretaria de productividad y competitividad del departamento,   estos últimos son el equivalente a población de mayor vulnerabilidad, que la pandemia redujo su capacidad  laboral y disminuyo la posibilidad de satisfacer sus necesidades básicas, reproduciendo   un aumento acelerado en la pobreza de hogares de estratos 0,1 y 2,   cuya economía en algunos casos se fundamenta en la  informalidad;  es clara la premisa,  si la gente no produce, no hay forma de llevar el  sustento al hogar, y se agudizan las condiciones de supervivencia, en medio de  este aislamiento,  que procura por acentuar en  una especie de “darwinismo social”, cuyo símbolo más notorio,  son las banderas rojas en algunos sectores del municipio.

De acuerdo a la proyección de economistas destacados,  los subsidios decretos por el gobierno nacional para sopesar la crisis, equivalen simplemente al 23 %  del ingreso de un ciudadano que vive bajo la informalidad,   declinando la capacidad de compra de alimentos, debido a externalidades como el incremento de los costos de producción, trasporte y demás aristas econométricas, que afecta de manera heterogénea los hogares del municipio de puerto Asís;   lo anterior, centra el debate en la ausencia de “instituciones solidarias” desde arriba, es decir, de decisiones políticas del gobierno nacional, que asuman  medidas  incluyentes, sin sacrificar la vida de los más vulnerables, permitiendo el acceso de bienes y servicios esenciales de alimentación, salud, educación; se concluye ante este panorama,  que los aplausos también son para aquellas personas solidarias,  y organizaciones espontaneas  que en el marco de la emergencia,   destinan  algo de su tiempo para las acciones humanitarias; la pandemia deja varias lecciones, y  una de ellas, es el mayor   reconocimiento,  no solo para personal de salud y sus laxas condiciones de trabajo,  sino  también para   campesinos, maestros, constructores, policías,  y demás trabajadores que cumplen una labor importante  y titánica, antes, durante y después de la crisis;  por ahora la historia determinara si las decisiones y/o decretos son los más acertados,  no hay que bajar la guardia con los protocolos,  el vecino departamento del Amazonas, suscita mucha preocupación.

Wilber Jhondany Jojoa Andrade, Trabajador Social, Universidad de Caldas,
estudiante de Maestría en Ciencia Política, Universidad Católica de Colombia.
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