La construcción de la memoria sobre el conflicto, clave para acceder a la justicia en el Putumayo.

Por Maria Fernanda Botero C – Equipo comunicaciones – Fundación Makikuna.

Diversas manifestaciones que aportan a la construcción de la memoria del conflicto emergen en el Putumayo. Su fortalecimiento y difusión es una de las claves para acceder a la justicia en el Departamento, pues facilitan el acceso a la verdad y dotan de herramientas a las comunidades, organizaciones e instituciones para incidir sobre las garantías de no repetición.

Vemos hermosos murales por todo el departamento que, desde los rostros de las mujeres, nos gritan dolorosas verdades.  Comunidades de los diferentes territorios son las voces que le dan forma a las historias de varios libros y documentales. Se erigen lugares que contienen los recuerdos colectivos a través de la preservación de objetos o la edificación de monumentos.

Estas tres situaciones se relacionan con una de las formas más poderosas para acceder a la justicia: a través de la memoria. Todas tienen en común que hacen parte de las dinámicas actuales que se dan en el Putumayo en torno a la construcción de la memoria del conflicto. En ellas, las personas narran sus historias, reviven los horrores que vivieron en sus territorios y piensan en la justicia como base de su futuro. Es un ejercicio de recordar para no olvidar, de recordar para sanar, perdonar y seguir adelante. 

Por un lado, está el trabajo de las mujeres para no perpetuar el olvido frente a las violencias que sobre ellas se han ejercido. En especial el esfuerzo de organización de las mujeres Tejedoras de Vida para mostrarle al Putumayo y al mundo a través del trabajo comunitario y artístico de los “Murales de la verdad” que se debe hacer justicia sobre los casos de feminicidios y desapariciones forzadas que se han presentado en los diferentes municipios del departamento.

Otro referente es la publicación y difusión de los informes y documentales que el Centro Nacional de Memoria Histórica ha elaborado sobre el Putumayo, entre los que destacan: “La masacre de El Tigre: Reconstrucción de la memoria histórica en el Valle del Guamuez – Putumayo” (2011), “El Placer. Mujeres, coca y guerra en el Bajo Putumayo” (2013), “Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en Putumayo (2015); y “El Tigre no es como lo pintan. Estigmatización y conflicto armado en el Bajo Putumayo. Una historia ilustrada” (2019).

Existe también el Museo de la Memoria Histórica: Tras las Huellas de El Placer. Esta iniciativa impulsada por el párroco Nelson Cruz desde 1997, cobra vida en el 2012 después de que la Institución Educativa José Asunción Silva enfrentara atentados por su cercanía a la estación de policía. Ese mismo año comienza a funcionar el Museo en la sede central de la escuela.  En él se recoge la historia de las y los líderes asesinados de la región y tiene una galería bélica de objetos y restos de la guerra. Estas acciones se realizan en articulación con el trabajo de la Red Colombiana de Lugares de Memoria.

Fortalecer las iniciativas de memoria

En palabras de Carmen Elena Ocoró, Representante Legal de la organización Mujeres Tejedoras de Vida, y una de las personas que ha liderado el proceso que durante años llevan a cabo con los murales de la verdad, expresa: “Nosotras las tejedoras de vida creemos que guardar la memoria no es tan bueno, hay que también mostrarla y por eso el trabajo que hemos venido haciendo nos dio la idea de mostrar como la guerra ha tocado el cuerpo de las mujeres”.

Los muros de la verdad surgen de la necesidad de las mujeres de contar las historias de las mujeres asesinadas y desaparecidas y de los lugares donde sucedieron los hechos. Según la Representante Legal: “El objetivo es mostrar el rostro de las mujeres, pero sobre todo que en él estén los nombres de las mujeres víctimas de estos crímenes”.

El primer mural se realizó en Mocoa, en una pared de la Diócesis en el parque central, en el están los nombres de mujeres de todo el departamento, es a partir de ese momento, que las mujeres de los demás municipios empezaron a aportar nombres e información, para exigir sus murales en cada territorio.

Proceso de realización comunitaria del mural de Puerto Colón

Es en ese sentido que entre el 2018 y el 2019, la organización Tejedoras de Vida con el apoyo del Programa de Justicia para una Paz Sostenible  de USAID y el acompañamiento del Centro Nacional de Memoria Histórica, realizaron tres de los murales que existen el departamento, en ellos participaron más de 60 mujeres de Puerto Colón, El Placer, El Tigre y San Miguel en el Bajo Putumayo, en palabras de Carmen Ocoró: “Con este proyecto quisimos hablar de la paz y acompañar a las mujeres, hombres, niños y niñas en un proceso psicosocial, dónde dieron ideas, pudieron dialogar con el artista que acompañaba para que fueran ellos mismos quienes los realizaran”

Desde la perspectiva de la organización, el impacto sobre la justicia que ha tenido los muros de la verdad a dado fuerza a otras familias para denunciar y para que personas del Putumayo y de diversas partes de Colombia y el mundo se den cuenta de la situación de las mujeres y crean profundamente en la necesidad de acompañar el proceso de paz y el cumplimiento de los acuerdos.

Finalmente, si desde las formas de organización social y del estado le seguimos apostando al fortalecimiento de las iniciativas de búsqueda de la verdad y preservación de la memoria podemos tener elementos para documentar y contribuir a la comprensión pública de las violaciones de derechos humanos pasadas y con ellos, dotar de herramientas a la generaciones presentes y futuras, para no repetir los horrores del pasado.

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